Nuestro viaje a Tailandia, un nuevo mundo

Fue una decisión que tomamos en un día de verano. Ocurrió en una conversación de aquellas que tienes cuando  sueñas despierto. Uno le dijo al otro ¿Te imaginas que nos vamos a Asia? ¿Te imaginas que conocemos Tailandia? Y fue entonces cuando decidimos dejar de imaginar y hacer de nuestra imaginación una realidad.

Los nervios al comprar el billete de avión se quedaron en nada cuando por fin estábamos subidos en ese enorme avión que estaba dispuesto a llevarnos a la otra punta del mundo. Allí estábamos los dos, mirándonos con los ojos saltones y la sonrisa de tontos. Ya que no podíamos dejar de sonreír. Nuestra felicidad la podían ver todos, queríamos que todos supieran que estábamos cumpliendo un sueño.

El viaje en avión fue tan rápido y tan lento a la vez, nos piñizcamos varias veces, para saber si estábamos despiertos o dormidos. Pero nos despertamos de golpe cuando vimos por la venta del avión aquel nuevo mundo. Una ciudad enorme a nuestros pies se asomaba imponente dispuesta a sorprendernos.


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Llegamos a Tailandia 

Lo primero que experimentamos cuando bajamos del avión fue algo que nunca olvidaremos en la vida, fueron muchas sonrisas, incontables sonrisas dándonos la bienvenida a nosotros, a dos desconocidos que estaban dispuestos a vivir, a descubrir aquel inmenso país donde la sonrisa lo es todo.

Cuando salimos del aeropuerto la realidad vino a nosotros con ese calor sofocante que penetró sin previo aviso en nuestra piel, en todo nuestro ser. Pero ¿sabéis que? Nos dio igual, estábamos dispuesto a sentir con todos nuestros sentidos cada momento, cada instante, cada segundo.


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Desde el primer día hasta el último día en Tailandia aprendimos tanto, conocimos tanto, descubrimos y nos maravillamos. Es sorprendente cuando todo lo experimentas por primera vez, un idioma, una cultura, una ciudad con millones de habitantes, otras formas de vivir u otras formas transporte. Hablando del transporte, para nosotros fue toda una experiencia subir a nuestro primer tuk Tuk, ¡Qué maravilla! Desde el momento del regateo con el conductor hasta el ajetreado trayecto que parecía que la vida nos iba en ello. Reírnos, eso fue lo que hicimos, bueno y asustarnos cuando los coches se quedaban a pocos centímetros de nuestro vehículo.

Nos costó nuestros días, mejor dicho una semana completa aprender a decir hola y gracias en tailandés. ¡Hola! – Sàwatdii Kráp/Ká! Y Gracias – Khop khun Kráp/Ká. Pero lo conseguimos y que orgullosos estábamos.

Tailandia fue nuestro nuevo mundo ya que fue el comienzo de una nueva historia, de una nueva etapa en nuestras vidas. Para muchos quizás solo un viaje, pero para nosotros representaba la oportunidad de descubrir un nuevo mundo, juntos.

No sabríamos decir si los días pasaron rápidos o lentos, pero lo que sí que sabemos es que cada día era único y diferente. Desde el momento en que nos levantábamos hasta el momento en que volvíamos a cerrar nuestros ojos agradecidos por todo aquello que estábamos compartiendo.

Qué representó Tailandia para nosotros 

Tailandia nos ha dado mucho, al igual que en todos los lugares en los que hemos estado. Pero como siempre decimos “cada lugar se convierte en el prisma con el que lo ven tus ojos y eso es lo que lo distingue de los demás, y lo convierte en especial”.

Un lugar que desde el primer momento nos sobrecogió por su inmensidad fue Bangkok. Cuando llegas a esta enorme ciudad te quedas sin habla, no solo por los millones de personas que viven en ella, sino por la grandiosidad de sus carreteras y edificios. Bangkok es como muchas ciudades en una misma. En ella conviven el pasado, el presente y el futuro. Para nosotros Bangkok siempre será la gran urbe de la vida de Tailandia. Cruzarla de punta a punta ya os podemos decir que es todo un reto, hasta para los más experimentados.

Bangkok tiene muchas caras, la zona turística como Khao San Road, sus templos y palacio como el Grand Palace Bangkok, o el Templo del Buda Esmeralda o Wat Pho, entre muchos otros más. La zona comercial y financiera con sus rascacielos y grandes centros comerciales llenas de tiendas de lujo y marcas internacionales que contrastan totalmente con sus mercados más tradicionales como Chatuchat Market o Damnoem Saduak floting Market.

Pero un lugar que se coló en nuestro corazón y despertó nuestro niño interior fue China Town  ese enigmático y fascinante barrio tan diferente al resto de la gran urbe. No solo diferente en sus calles, en sus colores y olores. Sino también, en sus templos, en sus letras y personas. Ni mejor, ni peor, solo diferente y al mismo tiempo tan fascinante.

Recorrer Tailandia de punta a punta fue para nosotros todo un privilegio. Cuando nos subíamos en sus buses para recorrer esas largas distancias y dormir en aquellas “camas” algunas más cómodas que otras en los night bus. Era muy divertido sobre todo porque nunca sabias cuándo y cuánto tiempo iba a parar. Lo mejor era cuando te daban mantita, agua y hasta galletas, pero lo mejor de lo mejor, era cuando los buses tenían lavabo incorporado, esto lo comprenderéis cuando viajéis en ellos durante muchas horas.

Las experiencias que vivimos en Tailandia fueron múltiples y de diferentes formas. Dormimos en una casa árbol; navegamos por un inmenso lago que parecía de otro mundo; vimos elefantes salvajes a pocos metros de distancia; pasamos horas conversando esperando a que llegara nuestro bus para conocer nuevos lugares; Nos contaron historias y aprendimos sobre otras costumbres; probamos sabores nuevos algunos realmente sabrosos y otros no tanto; en definitiva vivimos cada segundo de forma presente.

Algo que no olvidaremos es cuando visitamos no solo una jungla llena de animales salvajes sino dos. Dos impresionantes parques nacionales Khao Sok y Khao Yai, que nos dejaron sin habla y sin aliento. Pasear por aquellos territorios donde los que mandan son los animales y la vida se ve en cada detalle de la naturaleza, te hace sentir tan pequeño y tan grande a la vez.

Cuando viajas a Tailandia tienes que visitar sus templos ya sea en Bangkok, en Chiang Mai en Chiang Rai, etc. Para algunos serán todos lo mismo y para otros cada uno será diferente. Para nosotros cada uno de los templos fue especial, y sí que lo fueron, nos dio el virus viajero de visitar templos. No solo por su arquitectura, por el arte de sus paredes, por sus estatuas centenarias, o por sus oraciones sagradas. En verdad, no sabríamos explicar el porqué, simplemente nos hechizaron y de alguna forma cuando visitábamos los templos podíamos contemplar la vida de aquellas gentes que en su día a día dedicaban un tiempo para estar allí.

Pensaréis que en los templos solo se va a rezar, por una parte sí, pero en Tailandia los templos son un lugar también donde la gente se reúne, los jóvenes se reúnen. En ocasiones hablan, beben agua y hasta comen. Otras veces en cambio en otras ocasiones, solo se sientan juntos en silencio y observan al igual que nosotros el tiempo pasar.


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En Tailandia también puedes visitar lugares llenos de historia con siglos de antigüedad que cuando llegas la piel se te pone de puntas y te quedas boquiabierto sin saber que decir. Esto nos pasó en los templos de Phanom Rung, en los templos de Ayuttaya y de Sukhothai. Cada lugar nos ofreció una experiencia totalmente diferente.  Pero el nexo de unión de los tres lugares fue el tiempo. Por un momento viajamos a un tiempo remoto cuando Tailandia no era Tailandia. Ver y contemplar son el mejor consejo que os podemos dar cuando visitéis estos tres lugares.

¿Qué es Tailandia para nosotros?

Pero aun Tailandia es mucho más que sus grandes ciudades, que sus hermosos templos, que su salvaje naturaleza. A Tailandia también se la conoce como el paraíso del sureste asiático. Bueno, uno de los tantos paraísos que tiene nuestro planeta tierra. Y si, cuando llegamos al sur y vimos aquellas aguas cristalinas, aquellas palmeras rebosantes de cocos ¡que ricos estaban! y sentimos aquel calor penetrante, supimos que habíamos llegado al paraíso de Tailandia.


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El paraíso se puede ver y disfrutar de muchas formas. Nosotros lo hicimos descubriendo sus rincones, sus playas, su fondo marino. Los lugares que más nos sorprendieron del sur de Tailandia fue Railay, las islas Phi Phi y la pequeña isla de Koh Nang Yuang. Para que os hagáis una idea de estos lugares solo os podemos decir que tenéis que visitarlos. Es la mejor forma de comprobar si estamos diciendo la verdad. Pero ya os decimos que eso de la verdad es muy relativo, mejor una imagen que mil palabras.

Tailandia fue un regalo, como sus night markets, para nosotros de los mejores de todo el mundo ¡Qué maravilla!, aun recordamos el aroma de la comida flotando en el aire, los colores parpadeantes mires por donde mires. La gente viniendo de un lado para el otro, algunos night markets estaba llenos de turistas como nosotros. Pero en otros, éramos los únicos turistas y en vez de ser los que observaban éramos los observados. Algunos mercados de Tailandia se hacían de noche, otros a plena luz del día, otros sobre tierra y otros sobre el agua.

Quizás os preguntéis que vendían en aquellos mercados tan exóticos y diferentes. Pues bien, vendían casi de todo. Pero lo mejor fue descubrir nuevos sabores y nuevos olores. ¡Que fuera de los viajes sin disfrutar de la gastronomía! Ya os podemos decir que el paladar te descubre nuevo horizontes. Pero no queremos olvidar algo que disfrutamos muchísimo, y esto fueron los maravillosos masajes que nos hicimos en Tailandia. Sentir estremecer nuestra piel al contacto suave y sublime del masaje. Bueno suave, suave, no mucho, pero agradable y relajante sí que lo fue. El mejor masaje que nos hicimos fue el de Pai, sin lugar a dudas, ojalá algún día podamos volver a repetirlo.

Pero es que en Pai no solo estuvo el mejor masaje, sino que fue el primer lugar donde fuimos en moto. En Pai nos estrenamos ambos para ir en moto por primera vez. Al principio estábamos muy nerviosos, yo me quería poner a llorar. Pero estábamos decididos a superar nuestros miedos y así lo hicimos. Y que orgullosos estábamos después, hicimos muchos kilómetros en moto no solo en Pai, sino en otros tantos lugares. No solo de Tailandia sino en las aventuras de los siguientes países que vinieron después durante nuestro largo viaje por el Sureste Asiático. Pero eso ya os lo contaremos otro día. 

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