Cuando decides viajar, en ese momento aún no eres consciente de la inmensidad de oportunidades que te esperan. Dar el primer paso y decir ¡quiero conocer el mundo! es como decir, ¡amo mi mundo! En ese momento, en ese instante, empiezas a crecer, a descubrir y te das cuenta de lo pequeños que somos en la inmensidad de este planeta.

Un planeta rebosante de vida, de conocimiento, de historia, paisajes, de tanto por dar y por recibir. De repente descubres un mundo nuevo lleno de oportunidades para vivir nuevas experiencias. La vida en sí misma es toda una experiencia, un viaje con principio y final.

El tiempo y la vida

La vida cuando menos te lo esperas se pasa, se pasan los minutos y se pasan las horas. Pero no se trata de quedarse quieto mirando el reloj y ver como se mueven las manecillas sin hacer nada. O por el contrario, el hacer nada es igual que el hacer mucho como un autómata. Hay que vivir, hay que sentir, hay que vibrar. La riqueza de viajar no solo reside en volar a nuevos destinos exóticos, diferentes, mágicos o de cuento. La riqueza de viajar se encuentra en el interior de cada uno de nosotros. En lo que estemos dispuestos a ser capaces de descubrir en cada uno de nuestros viajes.

Viajar es el sueño que muchos dejaron a un lado en el transcurso de su vida, porque pensaron que viajar solo se hace a través del pasaporte. Pero viajar es mucho más, no se trata de acumular países, ciudades, no, eso no es viajar. La riqueza de viajar reside el cambio de uno mismo. No es algo que ocurra de la noche a la mañana, tampoco te sientes diferente, solo ocurre.

¿Qué es viajar?

Viajar implica compromiso, responsabilidad, valor, confianza, respeto, amor…. Viajar es darte la oportunidad de aprender de un lugar diferente. Descubrir aquello que nunca habías visto. Experimentar, conocer, sentir, compartir, reír, llorar, etc. Quizás todas las emociones juntas las experimentes en tu viaje o quizás ninguna.

Quizás tu viaje sea de un fin de semana, de un mes, de un año o simplemente no tengas pensado volver al punto de partida. Da igual el tiempo, da igual el destino. La riqueza de viajar se encuentra dentro de uno mismo. Dejar a un lado los prejuicios, dejar a un lado el comparar, dejar a un lado las críticas, dejar a un lado el miedo, dejar a un lado la inferencia.

Desde el primer momento en que descubrí la riqueza de viajar las preguntas vinieron a mí como un torbellino, me maravillé por todo aquello que estaba a punto de descubrir. No solo porque era diferente, sino, porque con el paso del tiempo viajar me ha hecho más fuerte, más justa, menos prejuiciosa, más amable, más agradecida.

La riqueza de viajar

El mundo está lleno de sorpresas desde el momento en que sales de la puerta de tu casa y decides ver el mundo desde la perspectiva del amor. Pensar que hay un mundo tan grande, lleno de tanta gente viviendo sus vidas. Vivir en el desierto no tiene nada que ver a vivir en una jungla, o vivir en un pequeño pueblo, no tiene nada que ver al vivir en una gran ciudad.

Cuando viajas te das cuenta que todos los lugares son importantes, que cada destino es único e inigualable. Pero no es por el lugar en sí, ni por su historia, ni monumentos, ni cultura, ni su gente. Es por lo forma en que tu estas dispuesto a verlo. Es el prisma con el que tus ojos descubren la realidad lo que hace especial cada viaje, cada momento y cada instante.

La riqueza de viajar somos nosotros mismos. ¿Cuánto estas dispuesto a aprender? ¿Qué emociones habitan en ti cuando viajas? ¿Para qué viajar? Viajar crea experiencias, se podría decir, que son como instantáneas eternas. Así que recuerda siempre que viajar depende de ti, de tus pensamientos, de tus creencias, de tus palabras, de tus miradas, de tus acciones, de ti. De mí. De nosotros. 

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